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G. Beytelmann – Primera parte

Este gran musico, de quien conocemos su recorrido en Francia, nos comenta su vida en Argentina y el haber asumido su paso de interprete y arreglador a una vida de compositor.

G. Beytelmann: Yo naci en una familia de amantes de la musica, en un pueblo que es hoy una ciudad: Venado Tuerto. Mi padre era violinista amateur, y tenia su talento. Muchas cosas pasaban por la musica.
Ya desde mis cinco años de edad tenia la tarea designada: acompañar a mi padre. Aprendi a tocar jazz y tango, musicas entonces familiares en el sentido mas amplio del termino. Yo no sabia como ‘tocar o no tango’, habia nacido ahi adentro.
En aquellos tiempos la musica se practicaba mucho. En mi pueblo habia cinco orquestas, cada una tenia entre doce y trece musicos. Era una epoca muy rica para la musica viva.

Cuando termine mis estudios, a los doce años, luego vino el secundario, mi familia no tenia suficientes recursos por lo que hube de trabajar. Mi padre me propuso que yo pase un examen para tocar en la orquesta de baile de la cual él hacia parte. Las orquestas de baile de la época funcionaban sobre la base ‘Tipica’ y jazz. O sea: estaba la orquesta de tango pero tambien la de jazz que podia tocar mambo, rock, musicas de Glenn Miller como musica de variedad. Con la particularidad, ademas, que la mayoria de los musicos podian tocar varios instrumentos. En mi pueblo el primer instrumento era el bandoneon, con el saxo como instrumento complementario.
Yo pasé el examen, y toque jazz pues me dijeron que yo no tenia suficiente tecnica para tocar tango. Pero como a mi esto me gustaba, de tanto en tanto tocaba algo de tango, por supuesto que preparaba muy bien lo que iba a tocar, yo me hacia la mano con el repertorio.

Asi fue como comencé mi vida de musico de bailes. Yo tocaba por lo general en el ultimo paso de la orquesta, cuando quedaban en la sala algunos borrachos y ciertos hombres que no habian encontrado compañia, cuando el prestigio de la orquesta no estaba en juego. Subia al escenario y tocaba dos, tres temas. Por lo que conozco de memoria una buena parte del repertorio de la orquesta tipica de los años cuarenta hasta finales de los cincuenta. Para mi no era una suerte todo esto sino que yo encontraba normal que asi sucediera.

Por esa epoca, 1958-1959, se escuchaba tango por todas partes. Si uno manifestaba aun mas no sea un ligero interes, como musico todo estaba a tu disposicion. Y yo tuve un hada que sello definitivamente mi vida de musico: la situacion privilegiada de mi dormitorio, que compartia con mi hermana, pues daba sobre el Club Central Argentino donde, en primavera y verano, habia baile de tango en la cancha de basket.

Mi pueblo, Venado Tuerto se situa al sur de la provincia de Santa Fé, entre Buenos Aires y Cordoba, entre el Atlantico y los Andes, en plena pampa. Era una localidad pequeña pero rica, que poseia una buena infraestructura, situada en el cruce de varios caminos. Todas las orquestas de Buenos Aires que salian de gira paraban en Venado Tuerto y tocaban por lo menos una vez.

En mi infancia conoci a la orquesta de Pugliese, con los interpretes miticos que tocaban a quince metros de mi cama! Con mi hermana, trepabamos a la pared para ver a los musicos. La orquesta de Salgan, la de Francini / Pontier con Julio Sosa, d’Agostino con Vargas. Yo me acuerdo de todos. Hacia la medianoche, mi madre nos llamaba, y nos ibamos a dormir dejando las ventanas abiertas, la orquesta continuaba tocando ‘para nosotros’. Pienso que esto tuvo para mi una importancia determinante.

Al inicio de mi adolescencia, luego de Piazzolla, Salgan, Pugliese, hice un descubrimiento que transformo mi vida: el de Thelonius Monk. Me puse a tocar jazz como un loco. Yo tocaba siempre tango, pero yo tocaba tango como quien habla.
A traves de mi trabajo de musico de orquesta de baile, descubri en la marcha, que yo queria ser musico. Llegue a la musica del siglo veinte a traves de Monk. Algunos llegaron a traves de Alban Berg, Schönberg, luego bifurcaron hacia otras musicas, yo no. Yo compre los discos de Monk y trataba de imitarlo. Cuando tuve que decidir si yo iba a ser musico u otra cosa, al terminar el liceo, decidi por la musica.
Me fui de mi casa familiar a pesar de la oposicion de mi padre quien, si bien era musico, no encontraba muy catolico que yo tambien lo fuese. Ese fue un momento de verdad, pues yo debia defender la veracidad de mis intenciones. Me fui a Rosario y pase un examen en el instituto de musica de la universidad y descubri mi deseo profundo de ser compositor.

En mi estadia en Rosario practiqué la musica como en mi pueblo: tocaba en los cabarets y acompañé a los cantores de tango de paso. Aprendi mucho con Goyeneche a quien acompañé varias veces. Tambien a Montero y a todos los cantantes de la época que ganaban su vida cantando tango. Yo segui tocando jazz y formandome en la universidad.
Por necesidad material dejé Rosario. El trabajo habia cambiado mucho. Las orquestas de tango poco a poco desaparecian, las de jazz empezaban a vivir con dificultad y el baile empezaba a ser reemplazado por los conjuntos yé-yé: guitarra electrica, bajo y bateria. Decidi cambiar de ciudad.

Me fui a la aventura a Buenos Aires. No tenia ningun contacto, hice como todo el mundo: empecé a golpear a las puertas. Conocia a un musico con quien habia tocado en Rosario quien me presento a un pianista que se iba a Aruba, una pequeña colonia holandera en el Caribe, y me dejo su trabajo en un cabaret.

Un dia, un director de cine me hablo por telefono. Estaba armando un documental de archivos sobre Eva Peron: una mujer, un pueblo. Me pregunto si yo queria participar, no habia dinero de por medio, pero acepté. Pense para ello en un octuor vocal mixto que se llamaba ‘Buenos Aires Ocho’ quienes aceptaron que yo compusiera la musica. Para el bandoneon contacté a Rodolfo Mederos a quien no conocia pero que me habian recomendado. Habia otros musicos que con el tiempo fueron mis amigos ‘porteños’.
Compuse la musica para esa pelicula que nunca salio, que fue prohibida por la dictadura de entonces. Pero quienes habian producido la pelicula organizaron una proyeccion privada a la que asistio el cineasta Leopoldo Torres-Nilson. Al dia siguiente hizo lo necesario para encontrarme y me dio una cita. La musica del documental le habia gustado, él acababa de terminar el montaje de una pelicula y me proponia que yo escribiese la musica. Me fui con el libreto, trabaje un poco, llame a Torres-Nilson quien vino a mi casa e interprete lo que habia escrito. La musica le gusto. El resultado fué la pelicula ‘La Mafia’ que tuvo mucho exito.

Yo, que trataba de comer todos los dias continuando con mis estudios, me encontré en la tormenta del exito de la pelicula. En seis años hice casi cuarenta musicas para peliculas, una locura. Y muy rapidamente, la musica de variedad me solicito y empecé a grabar bastante para la variedad argentina. Como yo tocaba con musicos del estudio que hacian jazz-rock, tambien grabé mucho con cantantes de rock.
Yo era el arreglador para muchos de ellos. Me encontré entonces en esa voragine y dejé de ser el hombecito de ese camino que yo queria seguir. La gente hablaba de mi, salian articulos en los periodicos, empezaba a ganar buen dinero. Mi vida se encontro muy perturbada. Fue un encadenamiento de oportunidades, como puede suceder en este medio del show-bizz.

Asi fue como llegue a ser nombrado director musical de una importante empresa de discos, continuando a trabajar para peliculas, produciéndome con cantantes de variedad importantes, hacia espectaculos de rock con orquestas y con los rockeros mas notorios de la época. Y luego, el clash !

Yo militaba politicamente en Argentina y me tuve que ir de prisa. En setenta y dos horas habia dejado mi pais. Mi vida en Argentina se acabo. Recuerdo muy bien que en el avion que me conducia a Francia me prometi nunca mas hacer lo que habia hecho.

Entrevista con Solange Bazely en Noviembre de 1999.

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