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Se puede bailar con Piazzolla ?

A esta pregunta la podriamos responder con cierta facilidad, o ligereza, pues podriamos decir: quién decide lo que se puede o no bailar ?.

El tango, si bien posee sus códigos, una estructura, nos permite, como el lenguaje, escribirlo según nuestro deseo. Por supuesto, hay que respetar su práctica, como con todo idioma: respetar la sintaxis, utilizamos vocales y consonantes, construimos sílabas que se volverán palabras ….. pero, no podemos permitirnos una cierta libertad de escritura?

El tango conoció el desarrollo de sus distintas expresiones: música, danza, poesía. Las mismas evolucionaron a veces en correlación, en armonía, alimentándose las unas de los otras.

Cuando la practica del baile disinuye, los intérprete-compositores, van a ampliar las posibilidades musicales del tango: Salgan, Rovira, Piazzolla, Cosentino ….. y este tango no toma inevitablemente en cuenta la pista, o sea los bailarines.

En repetidas ocasiones Astor Piazzolla dijo, y a veces con enfasis, que él no escribía para los bailarines. Desde entonce sabemos que entre los músicos y los bailarines, profesionales o no, el diálogo no es el mismo que aquel de las épocas de Castillo, D’Arienzo, Pugliese, Vargas …..

¿ Se puede bailar sobre la música de Piazzolla ?

Durante los años sesenta, las milongas y los bailes populares vieron la práctica de la danza enrarecerse y aparece entonces para las necesidades de los programas TV y de las giras artísticas lo que se dio en llamar el tango de escena. Gloria y Eduardo fueron una de las parejas precursoras.

En los años 1970 y 1980 Piazzolla brilló y el planeta lo identificó al tango. El era el tango. Piazzolla va a adquirir así una estatura próxima a la de Gardel, es decir, uno de los mayores mitos o símbolos, como se quiere, del tango argentino.

Numerosos bailarines profesionales van a incorporar la música de Piazzolla en sus espectáculos; hacen coreografías y se integra así en la expresión tango y al mismo tiempo la supera. Se baila también Piazzolla en espectáculos que no se presentan como espectáculos tango.

¿ Quid entonces de la pista ? ¿ De los enamorados del abrazo y de los encuentros milongueras ?

Por lo que se refiere a Argentina la historia es diferente que en otras latitudes. Los aficionados del baile tango no consideraron a Piazzolla y a su música como parte de la historia del tango. Entonces no se baila Piazzolla tanto como no se lo escucha. Este público tanguero de Argentina sólo lo va a incorporar recientemente, y acepta en adelante al Maestro Piazzolla por su contribución al tango y su renombre justificado.

Pero en otros lados, en Europa, aquí en Francia…. ¿ qué es lo que sucede ?

El tango-nuevo se convirtió en una tendencia practicada por numerosos profesores, algunos hicieron del mismo su especialidad. De golpe, y con la irrupción del electro-tango, se ve bailar con un abrazo que separa más que no conecta a la pareja, algo fuer entonces de un rigor donde las bases no son especialmente mantenidas y donde respeta el fenomeno del circulo

¿ Tienen, estos bailarines, el derecho a ocupar la pista de este modo ? Es a cada uno de pronunciarse, le gusta o no, lo soporta o no. Pero es un hecho y, más que insinuar cualquier prohibición, sería necesario reflexionar sobre la división de la pista entre tango milonguero y tango nuevo. Pero esto es otro tema.

Aqui se trata en saber si se puede o no bailar sobre la música de Astor Piazzolla, la cual fué construida con una estructura diferente de la que caracteriza el tango tradicional.
La respuesta está en el hecho de que a numerosos bailarines les gusta vivir una determinada libertad <i>gimnástica</i> en la práctica del tango y, para ello, la música de Piazzolla, como la de Cosentino, Gotan u otros Narcostangos, tiene completamente su lugar, esto parece lógico, ya que permite esta improvisación fuera de los códigos tradicionales del tango.

¿ Entonces ? ¿ Bailmos sobre la música de Piazzolla ? Sí.
¿ Se puede bailarla ? Y bien, es un fenómeno actual, por lo tanto libre a los que desean no experimentar la emoción del abrazo, la fuerza sanguínea de un Troilo, de un Pugliese o de tantos otros grandes Maestros.

Bernardo Nudelman

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